lunes, 27 de febrero de 2012

Consumir preferentemente antes de:

En un futuro cercano se diseñan etiquetas extremadamente inteligentes, tan avanzadas tecnológicamente que escapan a la comprensión de su inventor. La fecha de caducidad del producto que tiene el privilegio de tenerlas adheridas no aparece, ya que la gracia de éstas es que son capaces de predecirla.

Es decir, son una película de plástico muy fino que, al ser tocado por un posible comprador, analiza su futuro próximo, la futura secuencia de acontecimientos que le espera, y muestra la fecha en la que el producto dejará de poder consumirse en función de lo que percibe, aunque sin mostrar la causa.

Un hombre toca un pack de yogures y la etiqueta le muestra inmediatamente, en estilo Times New Roman de un tono gris, que si los compra le van a durar un par de horas. No se detalla el motivo, claro, pero el envase del pack de yogures ha vaticinado que va a ser aplastado en el maletero del coche por un brick de leche durante un bache.

El cliente lo acepta como la palabra de un ser superior y coge el pack de yogures contiguo, que marca una duración de dos semanas, y los mete en el carro con una sonrisa en la cara. Esos pueden caducar tranquilos.

Sin embargo, tras él viene una ama de casa con sus hijos, y toca el pack de yogures que a su antecesor iba a aplastar en el maletero. La fecha de caducidad se le aparece, marcando que van a durarle cuatro días, porque llegarán a la nevera sanas y salvas, aunque al final de esos cuatro días tendrá lugar un percance. Le parece suficiente, teniendo en cuenta el pozo sin fondo que son sus hijos, y también lo compra.

Otro cliente corre por los pasillos del supermercado, tocándolo todo, muy nervioso. Cualquier cosa que coge le muestra que le falta una hora para caducar. Las etiquetas están prediciendo que va a ser atropellado en el párking, pero no lo enseñan. El muchacho se huele que algo va mal y pide ayuda a los cajeros, que no pueden hacer más que volver la cabeza con resignación. No es el primer caso que se les presenta. El resto de clientes miran la lamentable escena con impotencia.

"¡Sólo he venido a por mezcla para el ron!" insiste con lágrimas en los ojos, arrodillado frente a una cajera, agarrando su uniforme como si intentara arrastrarla hacia un destino compartido, "¿Qué he hecho mal?".

No hay nada que hacer. La parca se le ha aparecido en forma de Coca-cola.

lunes, 20 de febrero de 2012

Propaganda

Nunca terminó de entender cómo funciona esto de la tele. Pensaba que los productos que aparecían en los anuncios eran equiparables a celebridades televisivas.

Iba por la calle aplaudiendo y sacándose fotos cuando pasaba por delante de un McDonald's, muy emocionado.

No era capaz de distinguir entre una infraestructura empresarial y una persona, pero era muy feliz.

domingo, 12 de febrero de 2012

Love for shit

Le llama un médico por teléfono y le da una noticia terrible. Su hermana está muy grave en el hospital, la vida pendiente de un hilo. Es una situación en la que uno deja cualquier cosa que tenga entre manos y parte embargado por la preocupación allá donde haga falta. Se forma un nudo en el estómago y el único objetivo que la mente permite modelar es llegar cuanto antes al hospital. Unos segundos de retraso pueden significar perder la oportunidad de despedirse para siempre.

Su caso es diferente, la llamada le ha pillado cagando, en mitad del esfuerzo.

Se le plantea el gran dilema: si se levanta de inmediato, la guarrada provocada será monumental. Si no lo hace, tal vez no le dé tiempo a decir un último adiós.

Al final, cargado de adrenalina y con el pulso acelerado, decide terminar la faena. En realidad, no tiene otra opción. Lo máximo que puede hacer para quedar en paz consigo mismo es procurar hacerlo lo más rápido posible. Es su política de emergencia para minimizar los daños.

Al terminar, se da cuenta de que la conclusión de ese acto supone la inversión de un tiempo extra limpiándose. ¡No va a ir al hospital oliendo a mierda!

Las lágrimas empiezan a brotar de sus ojos mientras se limpia entre las nalgas, pero tiene la decencia de no pararse a mirar lo que queda en el papel. Ese tiempo sí que puede ser desechado. Se puede ir por el váter junto con su vergüenza.