jueves, 3 de mayo de 2012

Old Style

- José Gómez, ya puede entrar.

El cirujano plástico dio así paso a su paciente y le mandó sentarse en la camilla. Tenía muy clara la ficha de aquel hombre y qué arreglos quería en la cara. Después colocarse frente a él con una seriedad imperturbable, en una pose erguida casi militar, comenzó a garabatear su rostro con un rotulador negro al tiempo que, a cada trazo, le explicaba a su paciente, con un vocabulario muy técnico y especializado, el procedimiento que iba a seguir para modelar su aspecto.

José, vestido en una bata blanca de hospital, estaba muy ilusionado. La serenidad y profesionalidad transmitía el pulso firme del cirujano mientras dibujaba líneas en su cara casi le hacía esbozar una sonrisa confiada. Tenía la sensación de que, en manos de aquel doctor, nada podía salir mal.

Cuando consideró que su obra pictórica estaba terminada, el cirujano le ordenó a su paciente que se tumbara en la camilla y avisó a las enfermeras para que le llevaran la sala de operaciones donde, como de costumbre, el equipo de cirugía se aguantó la risa hasta que el paciente estuvo sedado.

Como a muchos otros pacientes, a José le habían llenado la cara de pollas pintadas.

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