jueves, 1 de noviembre de 2012

Niña de la curva (I)

El coche cortaba el viento a lo largo de la carretera, mientras la música que salía de sus altavoces rompía el silencio del bosque que la rodeaba. Los cinco amigos que lo ocupaban hacían el imbécil pegados a los asientos, medio bebidos, buscando con los faros gastados del automóvil una discoteca en medio de la nada.

- Oye, diría que no hemos cogido el desvío correcto- se aventuró a suponer el copiloto, dando un trago a su cerveza-, a lo mejor deberíamos... Eh, ¿Qué es eso? ¡Por dios! ¡Frena!

Una figura brillante se perfiló a escasos cincuenta metros del coche, apuntada por el aterrorizado dedo del copiloto, al borde de la carretera. En pocas décimas de segundo, con el brusco chirrido de las ruedas al frenar como sonido de fondo, pudieron distinguir a una chica joven, muy pálida, enfundada en un vestido largo y blanco.

Cuando el coche se detuvo bruscamente, sus ocupantes rebotaron de delante hacia atrás por efecto de la desaceleración y parte del contenido de sus bebidas pasó a formar parte de la vieja tapicería del vehículo. El copiloto bajó la ventanilla y se asomó, un poco nervioso.

- Oye, ¿Va todo bien?

- Podrías llevarme a mi casa, ¿Por favor?- preguntó la muchacha con la voz quebrada y parte de su larga    cabellera negra tapándole la cara.

- Ufff... Verás, ya somos cinco en el coche y, sinceramente, hemos bebido un poco. Si te llevamos seguro que nos pararán y nos harán soplar.

- Tío, ¡No podemos dejarla aquí!- comentó otro desde el asiento trasero.

- Pero podemos llamarle un taxi- replicó el copiloto.

- Tengo mucho frío...- intervino la chica, temblando.

Los ocupantes del vehículo intercambiaron miradas de aceptación y uno de los que estaban detrás abrió la puerta trasera para que la joven entrara en el coche. El del centro adoptó el papel de mediador racional, sin darse cuenta de que su propuesta había sido ideada, en gran parte, por el vodka barato.

- Sé que es un palo pero, ¿Podrías tumbarte entre los asientos traseros y delanteros? Te amortiguamos un poco con los pies. O los apartamos, como quieras. Ya sabes, por lo que te decíamos de la policía.

La niña de la curva no dijo nada y, en silencio, se agachó y empezó a arrastrarse entre los asientos delanteros y las espinillas de los ocupantes de atrás. Uno de ellos contuvo una risotada tonta.

- Si en algún momento estás incómoda, dínoslo y te hacemos más sitio- señaló, recuperando la seriedad.

De nuevo, la niña de la curva permaneció en silencio.

El coche arrancó de nuevo y prosiguió su marcha por la carretera, aunque tranquilamente y sin despertar a los pocos vecinos de la zona. 

- ¿No sabrás dónde está la discoteca "Espasmo", por casualidad?- preguntó el conductor para romper el hielo, harto del ambiente tenso que se había formado.

- No, no lo sé...- suspiró la chica en tono fúnebre.

- Vaya...

De nuevo, el silencio y la atmósfera tensa se apropiaron del vehículo durante unos minutos. Fue el copiloto quien intentó salvar la situación esta vez.

- Pues, ¿sabéis? Hay un...

- Creo...- le interrumpió la voz de la niña de la curva desde debajo del asiento del conductor-. Que más o menos a esta altura, en esta curva, me maté yo.

Los ocupantes del coche se miraron, confundidos. Estaban en un tramo recto.

- ¡¡Joder, joder!!- exclamó repentinamente el joven del asiento trasero central- ¡¡La tía esta ha desaparecido!!

- ¡ME CAGO EN LA PUTA!- gritó el conductor, perdiendo momentáneamente el control del volante, mientras cundía el pánico en el interior del coche.

Afortunadamente, al encontrarse en un tramo recto bastante amplio, el coche tan sólo se bamboleó unos centímetros hacia cada lado antes de que el conductor recuperara la compostura. 

- ¡Madre mía! ¿Estáis todos bien?- preguntó otro ocupante de los asientos traseros, resoplando, unos cuatrocientos metros antes de la siguiente curva que encontraron.

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