domingo, 27 de marzo de 2011

Random Horror

Se había comprado un teléfono móvil táctil de última generación y se sentía como un habitante del siglo XXIII. Iba por ahí toqueteándolo, surfeando la red mientras caminaba, leyendo el spam del e-mail, sólo para hacerlo funcionar. Además, tenía un botón en el bolsillo, que había guardado porque se le había desenganchado de la camisa.

Con cada zancada que daba el objeto de su bolsillo se movía apretadito entre la pantalla y forro interior, con la suerte de que imitó la secuencia de estímulos táctiles necesarios para abrir la libreta de contactos, desplazarse hasta el número de teléfono de su novia, pulsar "enviar un mensaje", escribir "Eres una puta." y darle a enviar.

Qué mal, ¿eh?
Un señor con pinta de intelectual cansado, sentado en un banco mientras espera el metro, saca un paquete del bolsillo y lo mira fijamente como para intentar recrearse en el sabor de los chicles que contiene a juzgar por la imagen de la carátula.

Son chicles alargados, de estos que vienen en una cajetilla ordenaditos como cigarros, de los que da pena sacar y romper ese orden prieto, sin lados separados ni esquinas sueltas. Para más inri, cada pieza de goma de mascar viene envuelta en un papel impreso con el logotipo de la marca, muy pequeño, pero repetido mil veces.

No vamos a engañarnos, es un tipo atractivo. Pese a sus cuarenta y dos años, conserva buena forma y una facciones son juveniles, pero trabajadas por el tiempo. Por ello, un par de jovenzuelas aprovechaban su ensimismamiento para mirarle de estrangis, y él lo sabía. Era lo que se llamaría un madurito interesante.

De pronto, el ruido del metro le despertó de su trance y el hombre se levantó mientras extraía del paquete un chicle, guardaba la cajetilla, desenvolvía el chicle y... Se metía el papel en la boca, tirando el resto.

No se dio cuenta al momento, pero las chicas que lo miraban sí lo hicieron. Entró en el vagón y esuchó unas risillas lejanas, débiles, como si intentaran contenerlas, lo suficientemente fuertes como para darse cuenta de su error pero tan distantes como para dudar si estaban dirigidas a él.

El hombre mantuvo el tipo, erguido, sin agarrarse a nada mientras el metro arrancaba. Era como si dijese "Sí, me estoy comiendo un papel, pero tengo un equilibrio de la hostia".

Y siguió masticando.

Borntimism

Sí, tu vida es una mierda, pero no siempre has sido un tipo mediocre que no destacaba en nada. Al nacer, durante un instante, fuiste la persona más joven del planeta.

martes, 22 de marzo de 2011

Titjob

- ¿Y tu padre de qué trabaja?
- Eeeeh... Bueno, es autónomo.
- Hostia, ¿Y qué hace?
- Pues... Tiene una pequeña fábrica artesanal.
- Y fabrica...
- Bueno, es como escultor.
- Ahh...

En realidad el padre hacía tetas de plástico para carnaval.

Pero no penséis que le iba mal al tío, ¿eh?. Para nada, para nada.

lunes, 21 de marzo de 2011

Vietcong

- Bueno, ¿Qué hacemos?
- Pues... Déjeme así tal cual, pero con un par de dedos menos.

Aunque prefería decir que los había perdido en la guerra, lo cierto es que fue en una peluquería.

martes, 15 de marzo de 2011

Estaban muy enamoraditos y muy pesados, y los dos tenían cosas muy importantes y pastelosas que decirse por el messenger.

Ella abrió la ventana de la conversación y empezó a escribir, pero en el último momento lo borró para volver a pensarse la frase. Él esperó pacientemente a que desapareciera el mensaje de "Tu chica te está escribiendo", pero no le llegó ningún mensaje, por lo que creyó que tenía vía libre para soltar sus cursiladas.

Inesperadamente, ella se había replanteado la oración y volvió a empezar a escribir, pero al ver que su chico estaba escribiendo algo para ella, se detuvo.

Él, al ver que ella paraba, también pausó su acción, pensando que sería de mejor educación dejar que ella hablara primero. Tras unos segundos de inactividad, ambos comenzaron a escribir a la vez y pararon de nuevo.

Ambos aguardaron pacientemente a que el otro dijera algo, pero los dos estaban esperando en vano, mirando la pantalla inactiva, en silencio, llenitos de amor.

Dedicado

Nos situamos en el año 1831 y hay un charco en medio del bosque. Es el típico charco molesto que tropiezas si no miras por dónde vas.

La peculiaridad de éste es que no está relleno de agua, sino de un líquido oscuro, entre negro y marrón, según como se mire. De su base emergen pequeñas burbujas que provocan un sonido efervescente al deshacerse en la superficie. Además está lleno de moscas muertas, atraídas por algún misterioso aroma proveniente del charco.

Al pasar por sus proximidades, la gente lo mira como con asquito. A nadie se le ocurriría tocar esa cosa, ni mucho menos bebérsela.

Llamadme antisistema.



(Edit: es cocacola, joder)

lunes, 14 de marzo de 2011

La verdad por delante

Un mundo donde la gente tuviera las mejillas transparentes, donde se desmientan las ilustraciones de los libros de primaria que muestran el "bolo alimenticio" perfectamente uniforme, como una pastita marrón suave de aspecto delicioso.

Un lugar donde puedas ver perfectamente los trozos de queso de cabra mezclándose con el atún y la lechuga, mientras son triturados de manera diferente y formando un amasijo multicolor y grotesco, con diferentes y contrastadas texturas, antes de desaparecer con un trago, dejando tras de sí rastros de su presencia, escombros de comida.

sábado, 12 de marzo de 2011

Hoy, que llueve

Era capaz de disimular su condición de licántropo estupendamente, excepto cuando llovía, que seguía oliendo a perro mojado.

jueves, 10 de marzo de 2011

Nada más entrar en el edificio, lo encontré lleno de personas insultando a miles de barras de pan que iban desfilando por unas largas pasarelas industriales. Aquellos majaderos les gritaban desde "hijo de puta" hasta "nunca vas a llegar a nada, eres un fracasado".

Empecé a preguntarme si aquella gente pertenecía a alguna secta satánica cuyas normas consideraban insultar al pan como su pequeña revolución contra el cristianismo, blasfemando contra la materialización del cuerpo de cristo. Tal vez simplemente era un maldito manicomio.

Salí de nuevo a la calle y comprobé el rótulo que anunciaba el propósito del edificio. Me había metido en la fábrica de pan rallado.

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martes, 8 de marzo de 2011

Penisland

Un continente entero con forma de pene inmenso, perfectamente definido, con sus testículos y todo, incluso con zonas boscosas a modo de pelo, que no pueda pasar desapercibido de ninguna manera al mirarlo desde el aire, el segundo o el tercero del mundo en tamaño.

Que, cuando el primer ser humano consiguió salir al espacio por primera vez, al ver algo tan dantescamente desproporcionado, se hubiera resignado, con rabia, a creer lo que veía.

Que todo profesor de primaria, al explicar geografía, se sintiera incómodo y molesto cada vez que abriera un mapa.

Que un gigantesco vertido de petróleo a su alrededor, causante de la destrucción de gran parte de la fauna local, perdiera toda la seriedad.

Que hiciera sentir violentos a los hombres del tiempo.

Pero pese a ello nadie podría quejarse. No se podrían montar plataformas para censurar los mapas, simplemente sería un hecho que estaría allí y nadie hablaría de ello, aunque cuando saliera el nombre del país como tema de conversación, a todo el mundo le vendría a la cabeza, molestos y sin poder evitarlo, la misma imagen.

viernes, 4 de marzo de 2011

Dos catedráticos estaban enzarzados en una brutal pelea en medio de una transitada calle. Vestían muy elegantes, con fracs y bombines, un poco a la antigua. La gente pasaba a su lado y los miraba como asqueados. "Qué triste que dos hombres tan dotados de racionalidad tengan que recurrir a los puños para resolver sus desavenencias", pensaban.

Pero en realidad, la disputa de aquellos dos "gentlemen" era puramente psicologica. Cada golpe desviaba un poco el cauce de los pensamientos del contrario, evitando que elaborara argumentos mejores. Era una guerra mental.

jueves, 3 de marzo de 2011

Aún quedan genios

Vaya, una entrada de relleno.

Mejor respuesta que he escuchado nunca a la pregunta "¿Qué harías si pudieras controlar el tiempo a tu voluntad?":

Me dedicaría al porno y rodaría una escena en la que eyaculara en la cara de una actriz. Cuando lo hubiera hecho, estando ella de rodillas, pararía el tiempo, descansaría, y me colocaría de nuevo en la misma posición para volver a activar el tiempo en el momento de eyacular.

Eones pasarían mientras hago esto una y otra vez hasta que, finalmente, la chica terminaría por completo cubierta de fluido. Finalmente, restablecería el tiempo de nuevo y en la película se vería la corrida más larga de la historia mientras la actriz va siendo enterrada por un chorro de líquido blanco y viscoso.

Bonus: entre recarga y recarga el pelo me iría creciendo, de modo que en la película final aparecería una explosión de pelo desde mi cabeza que se iría volviendo gris.

Descorazonador.