lunes, 28 de mayo de 2012

Mentor

Sin que el adinerado corredor de bolsa se diera cuenta, el hábil asesino se coló por la ventana, camuflado entre las sombras y el sonido de los coches proveniente de la calle. Su indumentaria, completamente negra, le mimetizaba con el entorno de la habitación, alumbrada tan sólo por la pantalla del ordenador frente a la que el broker hojeaba los resultados de su jornada.

En un alarde de torpeza, inusual en sus servicios, el asesino le dio por accidente un golpe a una silla con el pie, provocando un chirrido grave que alertó a su víctima, quién giró la cabeza de golpe. Aterrorizado, el viejo corredor de bolsa observó a la parca VIP que venía a reclamar su vida y asumió que su tiempo en la Tierra había llegado a su fin.

El asesino no dio tiempo a que el mínimo sonido escapase de la garganta de su víctima, dándole tal manotazo en la cara que cayó al suelo. El broker se arrastró de espaldas por el suelo hasta dar con la pared más cercana, intentando alargar al máximo los últimos segundos que le quedaban, mientras su corazón latía con potencia.

Su agresor se acercó lentamente. La chulería de su expresión casi podía intuirse a través de su pasamontañas mientras extraía una larga daga del cinturón y se agachaba hasta situar sus ojos a la altura de los de su víctima. Agarró al corredor de bolsa del cuello de la camisa y tiró de él con fuerza.

- ¿Sabes lo que es un cantalupo?- le preguntó, con un susurro amenazante.

El accionista movió enérgicamente la cabeza hacia los lados, en señal de negación.

- Es un tipo de melón- sentenció el asesino.

El corredor de bolsa abrió los ojos como platos e intentó revolverse al ver que su agresor le acercaba la daga al cuello. Sin pensarlo dos veces, el asesino hundió la afilada hoja metálica en la garganta de su víctima, de cuya boca empezó a salir sangre a borbotones mientras intentaba emitir algún grito de auxilio. 

Cuando el cuerpo del corredor de bolsa dejó de sufrir espasmos y la habitación se sumió de nuevo en el silencio, el asesino se levantó y limpió su daga con la camisa del difunto, contento. 

Al menos, pensó, había muerto siendo un poco más sabio. 

"Nunca te acostarás, sin saber algo más"

jueves, 3 de mayo de 2012

Old Style

- José Gómez, ya puede entrar.

El cirujano plástico dio así paso a su paciente y le mandó sentarse en la camilla. Tenía muy clara la ficha de aquel hombre y qué arreglos quería en la cara. Después colocarse frente a él con una seriedad imperturbable, en una pose erguida casi militar, comenzó a garabatear su rostro con un rotulador negro al tiempo que, a cada trazo, le explicaba a su paciente, con un vocabulario muy técnico y especializado, el procedimiento que iba a seguir para modelar su aspecto.

José, vestido en una bata blanca de hospital, estaba muy ilusionado. La serenidad y profesionalidad transmitía el pulso firme del cirujano mientras dibujaba líneas en su cara casi le hacía esbozar una sonrisa confiada. Tenía la sensación de que, en manos de aquel doctor, nada podía salir mal.

Cuando consideró que su obra pictórica estaba terminada, el cirujano le ordenó a su paciente que se tumbara en la camilla y avisó a las enfermeras para que le llevaran la sala de operaciones donde, como de costumbre, el equipo de cirugía se aguantó la risa hasta que el paciente estuvo sedado.

Como a muchos otros pacientes, a José le habían llenado la cara de pollas pintadas.